
Secret Story no ha conseguido enganchar a nadie. De hecho, resulta complicado saber quién participa y por qué el formato ha fallado. Lo de meter a anónimos en la casa de Gran Hermano, nombre que no se pronuncia por el caso de violación de una concursante del que nadie habla en la cadena a pesar del feminismo de salón que ejercen algunas, no le ha gustado a nadie.
El abominable casting de Secret Story aburre a cualquiera. Las tramas son infumables y ayer se decidió llevar a semejante balneario a Kiko Rivera. Este, que vuelve a recular por consejo de su discográfica, fue a perpetrar su nuevo tema con Los Rebujitos que estaban más perdidos que el barco del arroz.
Aunque no te lo cuenten, hubo una violación en Gran Hermano y los anunciantes huyeron despavoridos. Ahora enmascaran lo mismo con una propuesta inútil. Y lo es porque lo de reunir a los de siempre para que cuenten un secreto se parece más a un congreso de boy scouts que a un programa que pretende ser líder de audiencia.