
Menos mal que no venía a vengarse de nadie. Rocío Carrasco masacró a su familia con documentos y con su libertad de expresión. Lo visto ayer confirma que no dejó de dar dentelladas a los que vivieron alrededor de su madre.
La jueza Carabantes le impone a Rocío Carrasco una fianza de 6000 euros y encuentra indicios de delito en su actuación con sus hijos. Y es que en el Código Penal se considera punible «el abandono de un menor de edad o un incapaz por parte de la persona encargada de su guarda, será castigado con la pena de prisión de uno a dos años».
Se acabó lo que se daba. El soliloquio rodeada de palmeros está muy bien, pero también hay otras voces que pueden contar su verdad. Raquel Mosquera lo ha hecho. Si bien Vázquez y Corredera, que se siga tragando las vejaciones del antedicho a Olvido Hormigos entre otras, igualan la infalibilidad del Papa a la de Carrasco, Mosquera ha dicho basta y hablando muy clarito.
Carlota Corredera, Rocío Carrasco, Jorge Javier Vázquez y todo lo relacionado con los tres provoca que el personal cambie de canal en cuanto les ve. El Hormiguero le ganó la partida a Montealto. Los compañeros de Carlota Corredera le llaman de todo en Internet, Rocío Carrasco no consigue emocionar a nadie y esta segunda entrega es un suplemento de la primera con los mismos errores de feminismo unipersonal aliñada con caras raras y con una amargura que nadie entiende.
Ni camiones, ni contenedores, ni vestidos ya conocidos, ni absolutamente nada justifica que Rocío Carrasco llame por teléfono a su hijo para felicitarle. Un año más ha vuelto a suceder lo que confirma que el documental no fue la catarsis que se esperaba y que nada ha cambiado entre las partes de un conflicto que se alarga demasiado en el tiempo.